Cada vez me cuesta más que una novela me sorprenda. Sin hacer referencia a la calidad literaria de la misma, que eso daría para otro artículo, me siento como si llevara años leyendo la misma historia con diferentes palabras.
No importa si la novela es épica, histórica o, en el peor de los casos, policíaca, donde la sensación de repetición es inmediata apenas a las primeras páginas de cambio.
Podría pensar que es un fallo mío, de percepción o de serie, que estoy cansado, o sencillamente que la moda, dictatorial y sin escrúpulos, marca su camino unificador, pero creo que la raíz es mucho más profunda que eso.
Creo que el motivo por el que leemos (y escribimos) una y otra vez la misma historia es porque no tenemos vivencias que nos hagan diferentes.
La mayoría vivimos acorde a las reglas impuestas. Comportamiento, horarios, comidas, gustos, series, películas, música, relaciones, incluso leyes, todo dentro de unos cánones de estandarización. Consumimos con intensidad, trabajamos y planificamos con intensidad, pero no vivimos con intensidad. La sociedad del bienestar (¡por fortuna!) nos ha adiestrado y exterminado el gen de la improvisación arrancándolo de cuajo de nuestras vidas.
Nada, o casi nada, ocurre sin que lo hayamos preparado con anticipación.
Nada, o casi nada, nos ocurre sin que le haya ocurrido a un millón de personas antes que a nosotros.
Y eso se refleja en las historias que leemos porque la inmensa mayoría de ellas no son fruto de las vivencias personales únicas, sino de la imaginación de sus autores, los cuales han, o hemos, bebido de las mismas fuentes, de las mismas series, películas, libros, vivencias, y experiencias similares para un resultado mimético.
Es triste, porque a esto se suma la perspectiva de la IA, cuya mayor virtud es utilizar lo ya escrito para repetirlo hasta el infinito y más allá a una velocidad endiablada.
Así que creo que estamos condenados a seguir en una espiral que, cual cola real de un cerdo mágico, se enrosca cada vez con más violencia, y cuyas únicas salidas serán los libros escritos antes de la globalización de mediados del siglo pasado.
Cuando volvamos a tener escritores de la talla de León Uris, Larry Colins y Dominique Lapierre, Morris West, Etc. Entonces recuperaremos el. Amor y el deseo de consumir libro como si fueran pasteles. Un saludo.