
En estos días se ha organizado una marcha patriótica en un barrio de Bávaro conocido como el Hoyo de Friusa. La marcha, convocada por un partido dominicano de profundas raíces patrióticas (me reafirmo en aquella canción de la Polla Records sobre los patriotas), acabó, sorprendentemente, con incidentes entre los manifestantes y la policía.
Imagino, y es una opinión personal, que, ya que esta gente había hecho un camino tan largo para venir hasta Bávaro, ya que todos venían de otros puntos del país, no se iban a devolver sin demostrar su patriotismo enfrentándolo con otros convencimientos, así que probaron con los de la policía.
Pero, más allá de esta anécdota, quiero decir que, a pesar de mi condición de inmigrante, estoy muy a favor de las marchas patrióticas, en especial de aquellas que reclaman un territorio para los originarios del lugar, entendiendo por originarios los moradores del último año, porque si nos vamos un poco más atrás, tendremos que hacer las marchas con pinturas y taparrabos. Decía que estoy muy a favor de esas marchas, pero creo que son insuficientes con las que se han programado hasta ahora, por eso, para demostrar mi compromiso patriótico me gustaría señalar algunas que deberían ejecutarse con la máxima celeridad a fin de hacer frente al insulto que supone tener comunidades extranjeras en pleno territorio nacional.
La primera de todas, y la más urgente, sería convocar una marcha en el barrio Chino de Santo Domingo. Es una vergüenza, a pocos pasos del mismísimo Palacio Presidencial, donde moran los altos cargos del país, un grupo de inmigrantes, fácilmente reconocibles por su dificultad para pronunciar las erres, por su color de piel diferente, el corte de sus ojos y lo enredado de su escritura, se han asentado entre cuatro calles haciéndoselas propias. ¡Ojo, ni la policía entra allí porque no hace falta! Desde mi humilde púlpito, enclavo a la comunidad patriótica a hacer una marcha por el barrio chino y enseñarles a esa gente, que hasta se han atrevido a ponerle nombre al lugar, quiénes son los verdaderos dominicanos y a quién les pertenece su territorio.
Marchas patrióticas, sí, por supuesto. Ya lo he dicho, muy a favor. Pero lo que me llama la atención es que casi siempre estas marchas se producen contra un colectivo más pobre y de piel más oscura que la del organizador. Anglosajones contra latinos en Estados Unidos, dominicanos contra haitianos en República Dominicana, españoles contra moros en España, italianos contra albaneses en Italia, alemanes contra turcos en Alemania, y un largo etcétera.
Sin embargo, creo que no debemos fijarnos en estas pequeñeces, sino que deberíamos aprovechar para extender esta inflamación de orgullo patrio por el resto del plantea, como ya están haciendo todos los patriotas del mundo. La Little Italy de Nueva York, fuego con ella, a hacer spaguetti a su casa; China Town, por favor, no sé a qué esperan los neoyorquinos para echar sus toneladas de lichis río Hudson abajo; al Pueblo Español en Barcelona, esteladas y gasolina; las casas gallegas, demolidas, el Punto Italia de cada pueblo, cerrado de manera inmediata y el queso mozzarella incinerado en grandes contenedores. Y así barrio por barrio, pueblo por pueblo, hasta el barrio dominicano en el Bronx…